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30 octubre 2011

El Octavo Clima










El término técnico que lo nombra en árabe, 'âlam al-mithâl', puede eventualmente traducirse también por mundus archetypus, a condición de prevenirse de un equívoco. Pues es esta misma palabra la que sirve para designar en árabe las Ideas platónicas (interpretadas por Sohravardî en los términos de la angelología zoroastriana). Ahora bien, cuando el término se refiere a las Ideas platónicas, está casi siempre acompañado por una cualificación precisa: mothol (plural de mithâl) aflâtûnîya nûrâniya, los "arquetipos platónicos de luz". Cuando se refiere al mundo del octavo clima, designa técnicamente, por una parte, las imágenes-arquetipos de las cosas individuales y singulares - en este caso se relaciona con la región oriental del octavo clima, la ciudad de Jâbalqâ, donde estas Imágenes subsisten, preexistentes y preordenadas al mundo sensible - pero, por otra parte, el término se refiere también a la región occidental, la ciudad de Jâbarsâ, el mundo o intermundo en el que se encuentran los espíritus posteriormente a su presencia al mundo natural terrestre, y como mundo en el cual subsisten las formas de todas las obras realizadas, las formas de nuestros pensamientos y de nuestros deseos, de nuestros presentimientos y de nuestros comportamientos. Es todo este conjunto lo que constituye el âlam al-mithâl, el mundus imaginalis.



Técnicamente, nuestros pensadores lo designan también como el mundo de las "Imágenes en suspenso" (mothol mo 'allaqa). Sohravardî y su escuela designan así un modo de ser propio de las realidades de este mundo intermedio, que designaremos como los Imaginalia. La precisión de este status ontológico es el resultado de unas experiencias espirituales visionarias, para las que Sohravardî pide la misma consideración que tienen en astronomía las observaciones de un Hiparco o un Ptolomeo.



Había que admitir que formas y figuras del mundus imaginalis no subsisten en la forma de las realidades empíricas del mundo físico, pues de ser así su percepción pertenecería con todo derecho a cualquiera. Se comprobaba también que no pueden subsistir en el mundo inteligible puro, puesto que no tienen extensión y dimensión: una materialidad "inmaterial", ciertamente, en relación a la del mundo sensible, pero a fin de cuentas una "corporalidad" y una espacialidad propias (piénsese aquí en la expresión spisitudo spiritualis de Henry More, platónico de Cambridge, expresión que tiene su equivalente exacto en Sadrâ Shirâzi, platónico de Persia). Por la misma razón, se excluía que pudiesen tener por substrato únicamente nuestro pensamiento, y se excluía también, al mismo tiempo, que perteneciesen al ámbito de lo irreal, a la nada, pues en tal caso no podríamos discernirlas, jerarquizarlas, ni emitir juicios sobre ellas. De ahí que apareciese metafísicamente necesaria la existencia de ese mundo intermedio, mundus imaginalis, hacia el que está orientada propiamente la función cognitiva de la Imaginación, mundo cuyo nivel ontológico está por encima del mundo de los sentidos y por debajo del mundo inteligible puro; es más inmaterial que el primero, pero menos que el segundo. Y esto fue siempre algo de importancia capital para todos nuestros teósofos místicos.



En efecto, de eso depende para ellos tanto la validez de los relatos visionarios que narran "acontecimientos en el cielo" como la validez de los sueños y los rituales simbólicos, la realidad de los lugares que aparecen en la meditación profunda, de las visiones imaginativas inspiradas, de las cosmogonías y las teogonías, y, sobre todo, la verdad del sentido espiritual percibido en los elementos imaginativos de las revelaciones proféticas. Este mundo es, en definitiva, el de los "cuerpos sutiles", concepto que se revela indispensable si se quiere representar un vínculo entre el espíritu puro y el cuerpo material. A esto se refiere la designación de su modo de ser como "ser en suspenso", es decir, un modo de ser tal que la Imagen o la Forma, siendo en sí misma su propia "materia", es independiente de todo sustrato al que pudiese ser inmanente a la manera de un accidente. Se quiere decir con ello que no subsiste como, por ejemplo, subsiste el color negro por el cuerpo negro al cual es inmanente. La comparación a la que recurren regularmente nuestros autores es la forma en que aparecen y subsisten las Imágenes "en suspenso" en la superficie de un espejo. La substancia material del espejo, metal o mineral, no es la substancia de la imagen, una substancia de la que la imagen sería un accidente. Es simplemente el "lugar de su aparición". Y se llega así a una teoría general de los lugares y las formas epifánicas (mazhar, plural mazâhir), tan característica ya de la Teosofia oriental de Sohravardî. 



La imaginación activa es el espejo por excelencia, el lugar epifánico de las imágenes del mundo arquetípico; por eso la teoría del mundus imaginalis es inseparable de una teoría del conocimiento imaginativo y de la función imaginativa. Función verdaderamente central, mediadora, en razón de la posición intermedia, mediadora, del mundus imaginalis. Es una función que permite a todos los universos simbolizar unos con otros, y que nos lleva a representarnos, experimentalmente, que las mismas realidades sustanciales asumen formas que corresponden a diversos mundos (por ejemplo, Jâbalqâ y Jâbarsâ corresponden en el mundo sutil a los elementos del mundo fisico, mientras que Hûrqalyâ corresponde a los Cielos). Es la función cognitiva de la Imaginación lo que permite fundamentar un conocimiento analógico riguroso, escapando al dilema del racionalismo habitual, que reduce la elección a los dos términos de un dualismo banal - o la "materia" o el "espíritu"- dilema que la "socialización" de las conciencias acaba sustituyendo por este otro no menos fatal: o "historia" o "mito". 











Es el tipo de dilema al que jamás habrían sucumbido quienes estaban familiarizados con el "octavo clima", reino de los "cuerpos sutiles", de los "cuerpos espirituales", umbral del Malakût o mundo del Alma. Comprendemos, en efecto, que cuando dicen que el mundo de Hûrqalyâ "comienza en la superficie convexa de la esfera suprema", quieren significar simbólicamente, con ello, que este mundo está en el límite en el que se invierte la relación de interioridad expresada por la preposición en, "en el interior de". Los cuerpos espirituales o las entidades espirituales no están ya en un mundo, ni siquiera en su mundo, a la manera en que un cuerpo material está en su lugar, o contenido en otro cuerpo. Es su mundo el que está en ellos o en ellas. Por eso la Teología atribuida a Aristóteles - la versión árabe de las tres últimas Ennéadas de Plotino que Avicena había anotado y que todos nuestros pensadores han leído y meditado - explica que cada entidad espiritual está "en la totalidad de la esfera de su Cielo"; cada una subsiste, ciertamente, independientemente de la otra, pero todas sin embargo son simultáneas y cada una está en cada una de las otras. Sería totalmente falso representarse ese otro mundo como un cielo indiferenciado e informal. Hay multiplicidad, ciertamente, pero las relaciones del espacio espiritual difieren de las relaciones del espacio comprendido bajo el Cielo estrelIado tanto como el hecho de estar en un cuerpo difiere del hecho de estar "en la totalidad de su Cielo". Por eso podrá decirse que "detrás de ese mundo hay un Cielo, una Tierra, un mar, animales, plantas y hombres celestiales, pero cada ser es ahí un ser celestial; las entidades espirituales que en él existen corresponden a los seres humanos que en él existen pero no hay ahí ninguna cosa terrestre".



La formulación más exacta de todo esto en la tradición teosófica de Occidente se encuentra, quizás, en Swedemborg. Por otra parte, no es posible no sorprenderse ante la concordancia o convergencia de las ideas del gran teósofo visionario sueco con las de un Sohravardî, un lbn 'Arabî o un Sadrâ Shirâzî. Swedemborg explica, por ejemplo, que "aunque todo en el Cielo aparezca absolutamente como en el mundo, en un lugar y un espacio, los ángeles, sin embargo, no tienen ninguna noción ni ninguna idea del espacio". En efecto, "todos los progresos en el mundo espiritual se hacen por cambios de estados interiores, de tal forma que los progresos no son otra cosa que cambios de estado... Los que están en un estado semejante son próximos entre sí, y los que están en un estado disemejante están alejados entre sí. Los espacios en el cielo no son más que estados externos que corresponden a estados internos. Del mismo modo, los Cielos son distintos entre sí... Cuando alguien se traslada de un lugar a otro... llega más pronto o más tarde según su deseo; el camino se alarga y se acorta a voluntad... Es lo que yo he visto a menudo y me he sentido sorprendido por ello. Según esto, es evidente que la distancia, y en consecuencia los espacios, son según los estados interiores de los ángeles, y, al ser así, la idea del espacio no puede entrar en su pensamiento, aunque entre ellos haya espacios igual que en el mundo". 



Esta descripción se ajusta perfectamente a Nâ-kojâ-Âbâd y a sus misteriosas ciudades. Se sigue, en definitiva, que hay un lugar espiritual y un lugar corporal. La transferencia de éste a aquel no se realiza de ningún modo según las leyes de nuestro espacio físico homogéneo. El lugar espiritual es en relación al lugar corporal un No-dónde, y para aquel que accede a Nâ-kojâ-Âbâd todo ocurre a la inversa de las evidencias de la conciencia común, que se mantiene orientada en el interior de nuestro espacio. Pues en adelante, es el dónde - el lugar - el que reside en el alma; es la substancia corporal la que reside en la substancia espiritual; es el alma la que envuelve y es portadora del cuerpo. Por eso no puede decirse dónde está situado el lugar espiritual, pues no está situado, sino que es más bien lo que sitúa: es situativo. Su ubi es un ubique. Ciertamente, puede haber correspondencias topográficas entre el mundo sensible y el mundus imaginalis, simbolizando el uno con el otro. Sin embargo, no se pasa de uno a otro sin ruptura. Numerosos relatos nos lo muestran. Uno se pone en camino; en un momento dado se produce la ruptura con las coordenadas geográficas localizables en nuestros mapas. Ahora bien, el "viajero" no tiene conciencia de ello en el momento en que ocurre; no se percibe, con inquietud o fascinación, sino con posterioridad. Si uno se diera cuenta, podría rehacer a voluntad el camino, o podría indicarlo a otros. Ahora bien, sólo le es posible describir aquello en lo que estuvo: no puede mostrar el camino a nadie. 



Henry Corbin











29 octubre 2011

Salmo









¡Que permeables son las fronteras de los Estados humanos¡
¡Cuántas nubes las sobrevuelan impunes,
cuánta arena del desierto se trasiega de un país a otro,
cuanta piedra montañosa rueda hacia dominios ajenos
con desafiantes brincos¡





¿Es necesario enumerar aquí a cada pájaro que vuela
o se posa sobre una barrera abandonada?
Aún siendo un gorrión ya tiene cola forastera,
pero el pico sí es de aquí. Y ¡cómo se mueve, no para¡





De los innumerables insectos sólo mencionaré a la hormiga
que, entre el zapato izquierdo y el derecho del aduanero,
a la pregunta ¿de dónde y a dónde? ni se molesta en dar respuesta.





¡Oh, ver con una sola mirada y con detalle ese desbarajuste
en todos los continentes¡
Pues ¿acaso el ligustro de la otra orilla
no matutea por el río su cienmilésima hoja?
¿Quién, sino la jibia, la de los brazos audazmente largos, 
viola las sacrosantas aguas territoriales?





¿Se puede hablar de un orden tolerable
si ni siquiera las estrellas se dejan desacoplar
para que quede claro cuál luce para quién? 
¡Y, para colmo, el punible derrame de nieblas¡
¡Y el retumbar de voces en las serviciales ondas del aire:
chillonas llamadas y borboteos llenos de significado¡





Sólo lo humano sabe cómo ser de veras ajeno.
Lo demás son bosques mixtos, trabajo de topos y viento.





Wislawa Szymborska: en "El gran número"








Wislawa Szymborska, poeta polaca galardonada con el Nobel de Literatura 1996




28 octubre 2011

Il funerale









Se viene la sera
Compagno non avrai,
Da solo farai la tua strada
E allora la prima sarà la faina,
Verrà per portarti paura



Se non la fuggirai,
Sorella ti sarà,
è lei che davvero conosce
L'ordine segreto che il fiume conduce,
Per il tuo passo il sentiero sicuro



Se viene la sera
Compagno non avrai,
Da solo farai la tua strada
Sarà solo allora che da te verrà il lupo,
Verrà per portarti paura



Se non lo fuggirai
Fratello ti sarà,
è lui che davvero conosce
Il passo segreto che il monte ferisce,
Per il tuo capo il riparo sicuro



Seguendo la via
Che va verso il lago,
Là troverai la sorgente,
Ritroverai la collina dei giochi,
E là tu deponi il tuo cuore


Angelo Branduardi: Il Funerale




Aquí puedes escuchar a Branduardi cantando este tema:







Noche del 27 de octubre: despedida a Enrique Eskenazi en el mar. 
Hermes el de los pies alados, protector de caminantes, vagabundos, viajeros y almas, te acompañe en el viaje definitivo.







24 octubre 2011

La noche es tan hermosa ...










"La noche es tan hermosa
que pienso que morir no dolería ..."

Sergei Esenin




 
El jueves por la noche te marchaste. Como en el poema de Esenin imagino para ti una noche hermosa, tan hermosa como para que no te haya dolido fundirte con ella y dejarnos a todos, para siempre, infinitamente más solos sin ti y a un tiempo para siempre acompañados, porque para siempre, nosotros - tus alumnos y tus amigos - vivimos y viviremos en tu compañía.




Con generosidad inagotable y entrega inamovible, y hasta el último momento, has abierto para nosotros una puerta tras otra, desplegando ante nuestros ojos horizontes y perspectivas, y convocando mundos - ideológicos y poéticos - de belleza infinita. Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Gaston Bachelard, Simone Weil, Carl Gustav Jung, Henry Corbin, Platón, Aristoteles, Plotino, Hegel, Kierkegaard, las conferencias de Ernanos, El arte de la memoria, James Hillman, Saturno y la Melancolía, Oscar Adler, Enrique Cornelio Agripa, Giordano Bruno, el “Splendor Solis”, Henry Michaux, Wallace Stevens, Oscar Adler, Wolfang Giegerich, Friederich Nietzsche, Angela Voss y su Orfeo redivivo …  Y tan sólo hace unos días, Heidegger, interrumpido por esa noche de Esenin en la que nos has dejado y te has ido.




Tu capacidad intelectual, profundidad, brillantez, rigor, sensibilidad, son  irrepetibles. No puedes hallarte ni haber sido llamado, ahora, a otro lugar más que a la detenida y serena contemplación de la profunda belleza del mundo, ese mundo que es dimensión del espíritu y metáfora del alma, que nos constituye y se muestra en nosotros y para nosotros, y que es, también, por ello mismo, tú mismo.




En el Octavo Clima, en la tierra de Luz, en la tierra de Hurqalya – “tierra del alma porque es visión del alma” – donde la Imaginación es el órgano del Conocimiento, nos encontraremos de nuevo. Te queremos, Enrique.




Con inmensos agradecimiento y cariño y un intenso sentimiento de pérdida. 




Para Enrique Eskenazi.
(20 de Octubre 2011)
  









MÚSICA


John Dowland: música doliente.( 25 de septiembre de 2005)








Juan Diego Florez: aria de "Il Barbieri di Siviglia". (24 de enero de 2006)







Ángelo Branduardi canta el poema de Esenin: "Confessioni di un malandrino".








Página web y blog del Centro Enrique Eskenazi de Barcelona, dirigido por Enrique Eskenazi, profesor, pensador, traductor, conferenciante. Aquí se pueden consultar los maravillosos artículos de Enrique: 















"Psique abre la puerta del jardín de Eros"




05 junio 2011

Kabir







¡Oh amigo¡

 Espérale mientras vivas,
conócele mientras vivas,
compréndele mientras vivas,
pues en esta vida está la liberación.




No es sino sueño pensar que a Él,
al dejar el cuerpo, el alma se unirá:
Si ahora lo hallaste, también después lo hallarás; si no, será
morar en la Ciudad de los Muertos.



 Si la unión se alcanza en el Presente,
mañana seguirá.
Sumérgete en la Verdad; conoce al Maestro verdadero, ten
fe en el auténtico Nombre:


"Lo esencial es la búsqueda:
Soy esclavo de la esencia de la búsqueda."



Si no te desprendes de tus apegos mientras vives,
¿qué liberación hallarás en la muerte?








* Kabir (Benarés 1440 - Moghar 1518) es el poeta místico más venerado de la India. No se definió ni cómo hindú ni cómo musulmán, sufí o bhakta; su influencia sobre la comunidad Sikh fue notoria. Para Kabir "Dios es el aliento de todo cuanto respira".



04 junio 2011

Dos formas de pensar en la meditación







Después de haber dicho que la meditación no es una técnica ni un conjunto de técnicas, sino una forma de ser, puede ser interesante subrayar la existencia de dos modalidades aparentemente contradictorias de pensar en la meditación cuya mezcla varía según los maestros y las tradiciones.




Una de ellas considera la meditación como un medio, un método o una disciplina que nos permite cultivar, perfeccionar y profundizar nuestra capacidad de prestar atención y morar en la conciencia del momento presente. Lo más probable es que el ejercicio de este método - que, en realidad, incluye métodos muy diferentes - contribuya a desarrollar una atención más estable a cualquier objeto o acontecimiento, tanto interno como externo, que aflore en nuestro campo de conciencia. Esta estabilidad puede ser experimentada tanto en el cuerpo como en la mente y suele ir acompañada de una observación más sosegada y de una mayor vivacidad perceptual. De esta práctica sistemática emergen naturalmente momentos de claridad y comprensión sobre la naturaleza de las cosas, incluídos nosotros mismos. Ésta es una forma progresiva de ver la meditación, un vector que apunta a la sabiduría, la compasión y la claridad, un proceso que tiene un comienzo, un intermedio y un final, al que difícilmente podemos considerar como un proceso lineal ya que, en ocasiones, parece avanzar un paso y retroceder seis. Desde esta perspectiva, la meditación se asemeja a cualquier otra aptitud que se desarrolle a través del ejercicio y cuenta con instrucciones y enseñanzas para guiarnos a lo largo de todo el camino. 




Esta forma de entender el proceso de la meditación es muy valiosa, necesaria e importante, pero - y se trata de un gran "pero", por más que el mismo Buda se esforzase durante seis años hasta alcanzar finalmente una extraordinaria realización de libertad, claridad y comprensión - no es completa y puede transmitir una idea muy equivocada de lo que realmente es la meditación.












Del mismo modo que los resultados de los experimentos y cálculos realizados por los físicos les obligan a describir la naturaleza de la materia de dos formas complementarias (como partículas y como ondas) - aunque el lenguaje resulta bastante limitado para describir este nivel de la realidad porque, en el núcleo mismo de las cosas y, a niveles microscópicos, no deberíamos hablar tanto de cosas como de propiedades semejantes al espacio y la energía - hay una segunda e igualmente válida forma de describir la meditación que resulta imprescindible para que el practicante pueda llegar a entender lo que es.




El otro modo de describir la meditación no es, en modo alguno, instrumental y, si la consideramos como un método, se trata del método del no-método, de una especie de no-hacer. Desde esta perspectiva, no hay que llegar a ninguna parte, no hay nadie que practique, ningún comienzo, medio ni objetivo que alcanzar, ningún logro y nada que obtener. Bien podríamos decir que, desde este punto de vista, la meditación consiste en la realización y encarnación inmediata y en este mismo instante de quien uno ya es, más allá del tiempo, más allá del espacio y más allá también de cualquier tipo de concepto, descansando en la naturaleza misma de nuestro ser, a la que, en ocasiones, se denomina estado natural, mente original, conciencia pura, no-mente o simplemente vacuidad. Uno ya es todo lo que espera obtener y, en consecuencia, no es preciso realizar esfuerzo alguno de voluntad - ni prestar atención siquiera a la respiración - y no hay nada en absoluto que obtener. Uno ya es eso y ya está aquí. "Aquí" está ya en todas partes y "ahora" es siempre. Parafraseando a Kabir diríamos que no hay tiempo, espacio, cuerpo ni mente, y que, desde esta perspectiva, la meditación carece de objetivo - es la única actividad humana (aunque, en realidad, se trata más bien de una no-actividad) que emprendemos sin ningún motivo - y que no tiene más propósito que el de ser consciente de lo que realmente es.











¿Cómo podría, por ejemplo, "llegar" a sus pies cuando, para empezar, no existe nada ajeno a usted? Ni siquiera podemos pensar en llegar a nuestros pies, porque ya estamos allí. Es la mente pensante la que convierte esa parte del cuerpo en "un pie" (es decir, en una cosa) pero, a menos que estemos separados de nuestro cuerpo, no se trata de ninguna entidad separada y que posea una existencia extrínseca. El pie es simplemente el final de la pierna en el que nos apoyamos para permanecer erguidos y caminar. Cuándo pensamos en él, se trata de un pie pero, cuando estamos asentados en la conciencia, fuera, por debajo y más allá del pensamiento, es simplemente lo que es. Y usted ya está ahí o, dicho de otro modo, el pie no está, ni jamás estuvo, separado de usted. Y lo mismo podríamos decir con respecto a sus ojos, sus orejas, su nariz, su lengua y cualquier otra parte de su cuerpo. Como dijo San Francisco: "Lo que observas es lo mismo que está observando".




¿Cómo podríamos, pues, alcanzar la conciencia, el conocimiento o la mente original, cuando la mente original, parangonando a Ken Wilber, es precisamente la que ahora mismo está leyendo estas palabras? ¿Cómo podría alguien volver a sus sentidos, cuando sus sentidos ya están funcionando? Sus orejas ya oyen, sus ojos ya ven y su organismo ya siente. Sólo cuando los convertimos en conceptos los escindimos de nuestro ser, que, por su misma naturaleza, ya es total, completo, sensible y despierto.












Estas dos formas de entender la meditación son, como la naturaleza corpuscular y ondicular de la materia a nivel cuántico e inferior, complementarias y paradójicas, lo que significa que, aisladamente considerada, ninguna de ellas es completa en sí misma y que sólo son ciertas si las tenemos en cuenta al mismo tiempo.




Jon Kabat-Zinn: "La práctica de la atención plena"








* Jon Kabat-Zinn es el fundador de la Clínica de Reducción del Estrés del Centro Médico de la Universidad de Massachussets y profesor de medicina del Departamento de Medicina Preventiva de la misma Universidad. Jon Kabat-Zinn se doctoró en biología molecular en el Instituto Tecnológico de Massachussets, bajo la dirección del Premio Nobel de Medicina, Salvador Luria.





Pica en el siguiente enlace para ir a la página de Jon Kabat-Zinn en español:



05 mayo 2011

Sri Aurobindo







Algunas de las experiencias místicas que Sri Aurobindo describe como resultado de la apertura a la dimensión espiritual de la Realidad son las siguientes:




El segundo resultado (el primero era la revelación del alma, que posibilita la transformación espiritual) es un fluir de toda clase de experiencias espirituales: experiencia del Yo ( sí-mismo, atman ), experiencia de Ishwara y de la Satki divina,  experiencia de la conciencia cósmica, un contacto directo con las fuerzas cósmicas y con los movimientos ocultos de la Naturaleza universal, una simpatía y unidad animícas, comunicación interna e intercambios de todo tipo con otros seres y con la Naturaleza, iluminación de la mente por el conocimiento, iluminaciones del corazón por el amor y la devoción, gozo y éxtasis espirituales, iluminaciones de los sentidos y del cuerpo por la experiencia superior, iluminaciones de la acción dinámica en la verdad y amplitud de una mente, un corazón y un alma purificados, las certidumbres de la luz y la dirección divinas, el gozo y el poder de la fuerza divina actuando en la voluntad y en la conducta (*). 









Cuando en ocasiones se echan de menos narraciones directas de las experiencias místicas personales de Sri Aurobindo, podría tenerse presente que descripciones como éstas, bajo la apariencia de impersonalidad, delatan la frescura de la experiencia directa. Escuchemos una descripción más, referente al descenso de la conciencia - energía espiritual, en su trabajo de transformación:




Una luz desciende y toca, o envuelve o penetra al ser inferior, la mente, la vida o el cuerpo; una presencia, un poder o una corriente de conocimiento se introduce en oleadas, o se produce un flujo de dicha o un éxtasis repentino: se ha establecido el contacto con el superconsciente. Tales experiencias se repiten hasta que llegan a ser normales, familiares y bien comprendidas, capaces de revelar sus contenidos y su significación ... Pues desde arriba comienza a descender un conocimiento, primero con cierta frecuencia, después constantemente, luego initerrumpidamente, y a manifestarse en la quietud o el silencio de la mente. Intuiciones e inspiraciones, revelaciones nacidas de una visión más profunda, una verdad y una sabiduría superiores entran en el ser, una luminosa discriminación intuitiva disipa toda oscuridad en la comprensión y pone todo en orden. Comienza a formarse una nueva conciencia, una mente de un amplio conocimiento auto-existente o una conciencia iluminada, intuitiva o sobremental con nuevas fuerzas de pensamiento o visión, y un mayor poder de realización espiritual directa que es más que pensamiento o visión ... El corazón y los sentidos se hacen más sutiles, intensos, amplios y capaces de abrazar todo lo existente, de ver a Dios, de sentir, escuchar y tocar lo Eterno, de lograr una unidad más profunda entre el yo y el mundo en una realización trascendente. Otras experiencias decisivas, otros cambios de conciencia se presentan como corolario y consecuencias de este cambio fundamental. No puede fijarse ningún límite a esta revolución, porque se trata de una invasión del Infinito.(*)



* "La Vida Divina"
   Sri Aurobindo  




"Siete ensayos sobre el hinduísmo"
Vicente Merlo 





22 abril 2011

Jiddu Krishnamurti









Jiddu Krishnamurti había sido preparado por la Sociedad Teosófica para una alta misión como Instructor de la humanidad. No vamos a entrar en el complejo mundo de la Sociedad Teosófica fundada en 1875 por H.P. Blavatsky y H. Olcott y dirigida poco después por A. Besant y C.W. Leadbeater. Fueron estos dos últimos quienes descubrieron las capacidades del joven Krishnamurti y comenzaron su formación, creando al mismo tiempo la "Orden de la Estrella de Oriente" con el fin de preparar el camino para la difusión de sus enseñanzas. 




No es cuestión de entrar aquí en dicha historia, aunque quizás actitudes posteriores del Krishnamurti maduro, el más conocido, reciben cierta luz al tener presente el desarrollo de ese episodio. Lo cierto es que el 3 de agosto de 1929 Krishnamurti disuelve formalmente la "Orden de la Estrella", inesperadamente, en una charla ante más de 3.000 miembros de la misma, entre los cuales se hallaba la propia A. Besant, la mujer que tanto luchó no sólo por la independencia de la India y por la Sociedad Teosófica, sino también por Krishnamurti y la "Orden de la Estrella", en quien tanta confianza tenía.



La fuerza de las palabras de Krishnamurti puede percibirse todavía cuando leemos aquel discurso:




"Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y ustedes no pueden acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta ... No quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual ... Si se crea una organización para este propósito, ésta se convierte en una muleta, en una debilidad, en una servidumbre que por fuerza mutila al individuo y le impide crecer, establecer su unicidad, que descansa en el descubrimiento que haga por sí mismo de esta Verdad absoluta e incondicionada ... Porque soy completamente libre, incodicionado, total ... deseo que aquellos que buscan comprenderme sean libres, que no me sigan, que no hagan de mi una jaula ... Todos ustedes dependen de algún otro para su espiritualidad ... Ningún hombre puede, desde afuera, hacerlos libres ... Mi único interés consiste en que los hombres sean absoluta, incondicionalmente libres."   





Libertad es quizás la palabra clave de Krishnamurti. Uno de sus libros más célebres, cómo prácticamente todo el resto consistente en charlas dadas ante un numeroso público, lleva por título justamente La libertad primera y última. Entre los textos seleccionados comenzamos precisamente por una de sus charlas sobre la libertad, pronunciada en Londres en 1969 y recogida en su obra El vuelo del águila. 




Krishnamurti se pregunta si es posible una libertad total, incondicionada. Se está refiriendo fundamentalmente a la libertad psicológica, libertad de todos nuestros hábitos innecesarios, nuestros deseos superfluos, nuestros miedos. El primer paso consiste en darse cuenta, a través de una observación constante, una atención despierta, de todos los condicionamientos psicológicos que nos afectan. No se trata de una introspección analítica dispuesta a juzgar con teorías preestablecidas cuanto descubrimos en nuestras profundidades. Se trata de una especie de observación fenomenológica, pura, libre de supuestos y prejuicios.




La mirada atenta de Krishnamurti es como un bisturí que implacablemente desmenuza los más sutiles mecanismos psicológicos y los trae a la luz. Su expresión no quiere tener nada que ver con tecnicismos y teorías psicológicas o filosóficas, es una mirada desnuda y una palabra tan sencilla como profunda. Es cierto, como tantas veces se le ha achacado, que a pesar de sus críticas al hecho de seguir a algún gurú, alguna enseñanza, él mismo no ha hecho otra cosa durante toda la vida que desempeñar el papel de Maestro e Instructor. Es una paradoja difícilmente salvable. Pero así y todo es preciso mostrar las diferencias. Por ejemplo, frente a la tradición de "obediencia" al maestro como "autoridad" reconocida y prácticamente incuestionable, Krishnamurti insiste una y otra vez en la libertad e independencia de sus "oyentes". Así, en esta charla, como en tantas otras advierte: 




"Si se me permite sugerirlo, no acepten lo que dice el que habla, pues no tiene autoridad alguna, no es un maestro, ni es un gurú; porque si lo fuera entonces ustedes serían sus seguidores, y si ustedes son seguidores, se destruyen a sí mismos y destruyen al maestro."




¿Adónde nos conduce esa investigación sobre los condicionamientos piscológicos? En primer lugar a la observación del papel que juega el pensamiento en todo ello. En esta charla, como en otras muchas, "el que habla" - nótese la elusión de la idea / palabra "yo" - se detiene a considerar la estructura del temor, para mostrar como "el pensamiento genera el miedo", "el pensamiento es el origen del miedo". Generalmente los miedos psicológicos a que aquí se refiere Krishnamurti proceden de la preocupación a que se repita algún acontecimiento doloroso o desagradable del pasado. Pero algo similar hallamos en el deseo como búsqueda del placer. También el pensamiento desempeña un importante papel en ello: "dónde hay placer hay dolor y miedo perpetuados por el pensamiento". 



¿Tendremos que admitir el análisis de Krishnamurti? ¿Es posible, necesario o conveniente apelar a los resultados de las ciencias que de ello se ocupan, si es que ciencia de ello hay?  ¿O se trata de un genuino ejemplo de investigación fenomenológica, de la elaboración - aunque ajena a tal terminología - de una psicología fenomenológica como la propuesta por Husserl?  En ese caso habría que preguntarse: ¿Coincide nuestra propia observación con la descrita por Krishnamurti en lo referente a la función del pensamiento en la generación del placer, del deseo y del temor?  ¿O descubrimos quizás una mayor independencia del mundo de las emociones respecto del pensamiento y nos da la impresión de que en múltiples ocasiones el pensamiento no pasa de ser una especie de oleaje superficial movido por corrientes emocionales de fondo?  Quizás podamos suponer que Krishnamurti se refiere a un nivel más profundo del pensamiento, a una especie de "mente subconsciente" - si se nos permite la sustantivación de esas fuerzas o contenidos que se mueven bajo el nivel de la conciencia en su estado habitual - que regiría en verdad el proceso de las emociones. 




En cualquier caso, supongamos que al hablar de "pensamiento" nos estamos refiriendo, de modo similar a lo que ocurría con el cogito y sus cogitata cartesianos, a todos los contenidos psíquicos y ya no sólo a los conscientes sino también a los subconscientes. En este caso la pregunta de Krishnamurti conserva toda su fecundidad. Tres preguntas estrechamente relacionadas hay que hacerse aquí: ¿qué papel desempeña el pensamiento en la vida? ¿cuál es la relación entre el pensamiento y la acción? ¿se puede detener el pensamiento?. A partir de estas tres preguntas planteadas por el mismo autor, tratemos de comprender su posición. La columna vertebral del mensaje de Krishnamurti consiste, a mi entender, en la transmisión de la experiencia de un estado de consciencia y de libertad que se halla más allá del pensamiento. La acción genuina, inteligente, total, es aquella que brota espontáneamente desde ese espacio de libertad; no cómo un producto de la reflexión, del pensamiento, que está formado siempre de los materiales del pasado, del recuerdo, por tanto de algo muerto, sino como fluir armónico de esa libertad inteligente o Inteligencia libre, primordial, que constituye nuestra verdadera naturaleza. El pensamiento tiene pues una cierta función en la vida pero no la importancia central que se le concede en nuestra cultura racionalista. Claro que la memoria y la reflexión es útil en ciertos momentos, pero sería quizás una función que, en las etapas avanzadas de la evolución, puede llevarse a cabo de modo casi automático, dejando que la energía en él puesta por la atención pudiese desplazarse hacia un nivel superior de la conciencia y de la realidad, hacia esa inteligencia espontánea y primordial que mueve toda la existencia. 




Ahora bien, no por ello se trata de detener el pensamiento a la fuerza. Por ello Krishnamurti se ha opuesto también de forma tajante a todo método o sistema de meditación: " cualquier sistema o método que nos enseñe cómo meditar es falso". Los mantras, las repeticiones de palabras o sonidos, tan empleados en la tradición hindú, no hacen sino embotar la mente - dirá Krishnamurti de un modo que nos parece excesivamente radical y tajante -. No se trata de esforzarse por detener el pensamiento sino de comprender; comprender, mediante la observación atenta que mencionábamos al comienzo, todo el proceso del pensamiento, y dejar de buscar técnicas y prácticas que intenten aquietarlo. "El orden surge cuando uno ve y se da cuenta del desorden". Y es que, como dirá en otra de sus charlas "la moralidad consiste únicamente en establecer orden tanto dentro como fuera de uno mismo". Porque en el orden se expresa la Inteligencia primordial que mueve la existencia. 



Pero la experiencia hacia la que apuntan las palabras de Krishnamurti no ha de verse como una fría conciencia o inteligencia más allá del pensamiento. Krishnamurti, parco en expresiones positivas y grandilocuentes, más cerca de un lenguaje apofático, no en vano considerado, en alguna ocasión, como la consumación del buddhismo, en ocasiones deja entrever el aspecto ânandico de la experiencia primordial. Así, con palabras que pueden servir de síntesis de cuanto llevamos dicho, exclama: 



"La bienaventuranza no es placer, el éxtasis no es generado por el pensamiento; es una cosa del todo diferente. Uno puede llegar a la bienaventuranza o al éxtasis sólo cuando comprende la naturaleza del pensamiento, el cual genera tanto el placer como el dolor". 




"Siete ensayos sobre el hinduísmo"
Vicente Merlo    
        








* Vicente Merlo es doctor en filosofía. Socio fundador de la Sociedad de Estudios Índicos y Orientales, así como de la Sociedad Transpersonal Española. Durante dos años investigó el pensamiento hindú y, especialmente,  la obra de Sri Aurobindo en la India (Bombay, Pondicherry, Auroville).




Aqui puedes escuchar música de Ravi Shankar:








06 abril 2011

"Símbolo y arquetipo"












En el último capítulo de "Las estaciones de la sabiduría" que da nombre al libro, Frithjof Schuon define y expone seis aspectos de la sabiduría que, podríamos decir, resumen toda la espiritualidad. En otras palabras, incluyen todo lo que la Voluntad del Cielo pide del hombre, y por tanto representan la perfección que éste poseía inicialmente en el momento de su creación, según esa Voluntad, "a imagen de Dios". La plenitud microcósmica del hombre, dada la analogía exacta entre microcosmos y macrocosmos, corresponde a la extensión total del gran mundo exterior, es decir, a las seis direcciones del espacio, que son los cuatro puntos cardinales y el eje vertical de altura y profundidad. Dada su importancia fundamental, las estaciones no pueden dejar de estar más o menos explícitamente presentes en la doctrina y método de cada esoterismo, sin importar a que tradición pertenezca. De hecho, los textos sagrados están entretejidos con formulaciones aisladas de estos aspectos de la sabiduría, ninguno de ellos obviado, y todos dados por descontado por nuestros antepasados - variando los grados de consciencia - como pertenecientes a la naturaleza misma de las cosas. Sin embargo, llegó un momento en que se hizo necesario enfatizar este último punto y manifestar los aspectos como una totalidad séxtuple e interrelacionada, a saber, las "direcciones del espacio" en el microcosmos, análogas a sus homólogas en el macrocosmos; esto se lo debemos a Schuon en sus "Estaciones de la sabiduría" y en secciones de sus otras obras. 









La universalidad de esta doctrina está claramente demostrada en "Tesoro de sabiduría tradicional" de Whitall Perry, que ha dividido su monumental obra en tres libros, cada uno de los cuales está subdividido en dos partes. Las tres divisiones principales corresponden a las tres margas (vías) del hinduísmo - acción, amor y conocimiento - así como también a los tres principios básicos del misticismo islámico - temor, amor y conocimiento -. Cada una de estas divisiones tiene dos aspectos: el ámbito del temor - acción es el del "no debo" y "debo", o, en términos de Schuon, abstención y cumplimiento; así mismo el amor tiene, además de su intensidad dinámica, el aspecto estático del gozo contemplativo; y el conocimiento espiritual es tanto objetivo como subjetivo, ocupándose, en última instancia, del Absoluto como verdad transcendente y Mismidad inmanente. Pero para que la afirmación de que toda espiritualidad está comprendida en estas seis estaciones no sea considerada excesiva, permítasenos añadir ahora - y se hará más claro a continuación - que cada estación es una vasta síntesis constituída por muchos aspectos suplementarios, inextricablemente enlazados unos con otros. No podía ser de otra manera puesto que cada estación es algo que debe ser adoptado: exige presencia de parte del hombre, su presencia total, es decir, sinceridad; y puesto que el hombre consiste en inteligencia, voluntad, carácter, debe haber algo en cada estación que empeñe a cada una de las tres facultades espirituales del hombre: elementos doctrinales o teológicos para la inteligencia, elementos metódicos para la voluntad, y elementos morales o virtudes para el caracter. 




"Símbolo y arquetipo"
Martin Lings











Aqui puedes escuchar a Angelo Branduardi: "Cántico delle Creature"










24 marzo 2011

El pensamiento del corazón








Al intentar alcanzar la belleza nos topamos con el obstáculo que constituye la propia palabra "belleza": suena demasiado cursi, inútil, bonita, etérea y extraña a las acuciantes preocupaciones del alma. Nuevamente, vemos como nuestros conceptos están determinados por modelos arquetípicos, como si la belleza hubiera quedado relegada solamente a Apolo y el examen de formas invisibles como la música fuese cosa de coleccionistas y sólo pudiese ser tratado en revistas de estética. O, de otro modo, la belleza ha sido puesta en las suaves manos de Adonis y Páris: la belleza entendida como violetas, mutilación y muerte. En Platón y Plotino, sin embargo, la belleza no es "bella", y de ello es téstigo la persona de Sócrates. Antes al contrario, sólo podremos comprender lo bello en el pensamiento platónico si somos capaces de adentrarnos en un cosmos afrodítico, y esto a su vez significa penetrar en la antigua noción de áisthesis  (percepción por los sentidos), de la que procede la estética.





Debemos ahondar en nuestras ideas habituales sobre la belleza que han mantenido a la imaginación prisionera de las nociones celestiales - Afrodita Urania -  alejándonos del mundo de los sentidos en el que Afrodita ha sido siempre inmanente. De ahí que su desnudez haya sido convertida en pornografía al denigrar la visibilidad de la apariencia física. De la misma manera, estas elevadas ideas han mistificado la revelación, transformándola en una expectativa escatológica: la revelación se muestra como una epifanía que debe destruir el mundo sensible sólo cuando no podemos percibirla en la presentación inmediata de las cosas como son. 






Cómo dice Henry Corbin la belleza es aquella gran categoría que hace referencia específicamente al Deus revelatus, "la teofanía suprema, la revelación divina". Así como los dioses vienen dados con la creación, así también se encuentra su belleza en la creación que es la condición esencial de la creación entendida como manifestación. La belleza es la manifestación del ánima mundi; nótese que no es ni transcendente para lo manifiesto ni veladamente inmanente sino que hace referencia a las apariencias como tales, creadas tal cómo son: datos perceptibles, hechos reales, Venus Nudata. La belleza de Afrodita hace referencia al esplendor de cada suceso concreto, a su claridad, a su brillo específico: al hecho mismo de que las cosas aparezcan y a la forma en que aparecen.





La belleza tal como la describe Platón en Fedro, es la manifestación de los dioses nouménicos ocultos y de aquellas virtudes imperceptibles como la templanza y la justicia. Todas estas cosas, si no van unidas a la belleza, no son más que ideas, arquetipos, formas puras, palabras didácticas e invisibles. "Sólo a la belleza le fue concedida esta suerte, la de ser la más claramente visible". La belleza es, pues, la propia sensibilidad del cosmos: tiene texturas, tonos, sabores y es atractiva. La alquimia diría que éste brillo cósmico es el azufre. 





"El pensamiento del corazón" 
James Hillman









23 marzo 2011

Ibn Arabi








Éramos letras exaltadas, aún sin pronunciar,
mantenidas en lo alto, guardadas en la Más Alta de las Cumbres. 


Allí yo soy Tú, y nosotros somos Tú,
y Tú eres Él, y todo lo que está en Él es Él:
pregunta por alquien que haya llegado tan lejos.


Ibn Arabí









Aqui puedes escuchar a Montserrat Figueras, Aïcha Redouane y Francoise Atlan, cantando un poema de Ibn Arabí en el festival de Fez de música religiosa.